Impresiónes mexicanas
Las razones del instante
Naturaleza en reposo
Paisaje en movimiento
Trópico en llamas
Ventanas a la naturaleza
 

Andrés de Luna, Trópico en llamas

El trópico es paisaje encendido, llamarada de sol. La obra pictórica de Margarita Morales tiene el vaivén de lo propio y de lo que se adopta y permanece. Esa fugacidad es lo que destilan los cuadros de la artista nacida en El Mante, Tamaulipas, y radicada en Berlín.
Extraña mezcla para observar la naturaleza y recobrar el mundo. Desde luego que se requiere la sensibilidad de un ojo alerta para que las imágenes nazcan y cobren sus propios rumbos. Tan es así que Margarita se adhiere al espíritu barroco y su "horror vacui", su horror al vacío.
Margarita pinta a lo largo y a lo ancho del lienzo, con ese ímpetu que es tejido y red de pinceladas. Si antes las fachadas de los templos quedaron atrapadas en multitud de formas, ahora, incluso en estos cuadros abstractos, perdura una idea semejante. Todo con tal de alejar el vértigo del espacio que se fractura . Margarita Morales resguarda "su" trópico por medio
de enardecidos tonos naranja, rojos y amarillos. Sus cuadros tienen las oscilaciones de lo que es viento en calma o furioso turbión de azules oscuros. Memoria y síntesis: recuerdos que se pliegan y despliegan con tal de atisbar un horizonte que va y viene; como si de pronto los colores emanaran de un viaje sin escalas, del arribo de una geografía a otra, cuyas embarcaciones navegaran en aguas del barroco americano. En esos lienzos están las orlas y los pequeños segmentos de una caligrafía emocional que es parte integral de la obra de la artista mexicana. ¿Qué queda entonces? Ir tras las huellas de ese trópico en llamas guiados por esos cuadros de raro esplendor cromático.

Wolfgang Heger, historiador de arte y curador. | Kunsthistoriker und Kurator

La contemplación del mundo plástico de Margarita Morales denota en instancia prima la imposición al espectador de imágenes abstractas. Tan sólo un juicio apresurado lo consideraría un retorno a la pintura expresionista, pues su exacta observación revela en tal pincel ocultas esquirlas de la „realidad“ en el que se esconden situaciones visuales lentamente develadas al espectador cuando éste acepta entregarse a la visión. Margarita Morales no ensaya transponer al lienzo paisajes, figuras o estados anímicos. Mas bien, a ella le interesa el concierto de todos esos elementos. Se trata de interdependencias y vasos comunicantes entre el paisaje, el mundo animal, los estados anímicos, la poesía de lo pretérito, de lo presente y lo potencial. Margarita Morales ensaya, en lúdica acción con la realidad, invocar en el espectador el recuerdo de mares tornando paisajes cromáticos en (abstractos) bosquejos que relatan historias de tiempos fantásticos. El pincel de Margarita Morales, partiendo inicialmente de gestos espontáneos, ofrece al espectador, ejercicio allende la visualidad, la esencia de la experiencia, de la sensación, del sentimiento y del sonido. Se trata de una pintura que no subraya la disposición y composición, sino un pintar que de modo repetitivo lanza redes a los procesos creativos desde el infinito número de la potencialidad expresiva hasta las formas acabadas, mas no finitas, que devélanse ante el espectador. Realidad y contenido sitúanse allende la univocidad fijable en conceptos. Sus cuadros no son, finalmente, reproducción, a pesar de que la imagen resultante, real creación, se devela nítida. En sus cuadros no hay contenidos reducibles a clasificarse cual ilustraciones, sino aproximación a lo innoto del arte, pues Margarita Morales se sitúa con su pintar en los espacios del encantamiento exhortando al espectador a constates experiencias renovadas en el orbe de la pintura.


Bei Margarita Morales Bildwelt haben wir es nur auf den ersten Blick mit Abstraktionen zu tun, nur im vorschnellen Urteil können wir die Arbeiten mit dem Etikett: „Rückzug auf den expressiven Malgestus verstehen.“ Denn immer wieder wird deutlich, in ihrem Malgestus finden sich Splitter aus der „Realität“. Da verbergen sich reale, visuelle Ausgangssituationen, die sich erst durch das Einlassen auf das Bild langsam zu öffnen beginnen. Es geht bei Margarita Morales nicht einfach um das Übertragen von Landschaft, von Figuren, von Seelenzuständen auf die Leinwand, auf das Bild. Es geht vielmehr um das Zusammenspiel all dieser Komponenten, es geht um Zusammenhänge und um Beziehungen von Landschaft, Tierwelt, Stimmung, Poesie in Vergangenheit, Gegenwart und Zukunft. Margarita Morales spielt mit der Wirklichkeit, da fühlt sich der Betrachter an Meere erinnert, nimmt Farblandschaften als (abstrakte) Landschaftsdarstellungen dar, da erzählen ihre Bilder Geschichten aus märchenhaften Zeiten, und öffnen symbolträchtige, fabelhafte, phantastische Bildräume. Margarita Morales Malerei bringt dem Betrachter im Kern non-visuelle Erfahrungen, Wahrnehmungen, Gefühle, Klänge nahe. Alles das geht zunächst von der spontanen Geste aus, es ist eine Malerei, die den Bildaufbau, die Komposition nicht voranstellt, sondern eine Malerei, die ihre Netze im Malprozess immer wieder neu auswirft, vom Offenen, von der potentiell unendlichen Zahl der Ausdrucksmöglichkeiten in die geschlossene Form, die aber nie geschlossen ist, sondern sich dem Betrachter öffnet. Wirklichkeit und Gehalt stehen jenseits einer begrifflich fixierbaren Eindeutigkeit. Ihre Bilder sind am Ende kein Abbild von etwas und trotzdem ist das Bildresultat ganz klar da, ist echte Schöpfung. Kein illustrativer Gehalt findet sich in ihrer Arbeit, sondern eine Hinwendung zum Unbekannten in der Kunst. Denn Margarita Morales begibt sich mit ihrer Malerei in eine magische Zone und ihre Malerei fordert den Betrachter auf, zu immer wieder neuen Erfahrungen in der Welt der Malerei.
         
Contact | Margarita Morales
Copyright © Margarita Morales.    
HOME